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jueves, 11 de octubre de 2012

Camboya: Angkor Wat (អង្គរវត្ត)

Aunque para muchos Siem Reap haya dejado de ser aquella encantadora villa de chozas de techo de bálago, y se esté convirtiendo en un asentamiento hotelero y en una urbe de excesivo movimiento comercial, hay que entender, que hoy por hoy el turismo es la principal fuente de ingresos de Camboya, país fascinante con un vasto patrimonio cultural que cautiva por su magnificencia, y cuya economía es tan insignificante como su población -apenas 13 millones de habitantes-, en el emergente mundo asiático.  La cercanía de esta ciudad al probablemente más maravilloso recinto arqueológico del mundo: Angkor Wat, la ha convertido en el eje de desarrollo de la región. 

Angkor se manifiesta permanentemente en el diario vivir de los camboyanos. Está en la bandera y también en los billetes; la cerveza nacional lleva su nombre; agencias de viajes, panaderías francesas y orfanatos también son Angkor. Es parte de un presente que tuvo como inicio a los antiguos reinos de Zhenla y Funan, provenientes de Indonesia y del sur de India; conquistadores, que con su civilización hindú, colonizaron a las tribus locales fundiéndose y mezclándose con ellas, dando origen al camboyano. De hecho, el vocablo sánscrito Kambuja es el que da el nombre al país, y significa “Hijos de Kambu”, un asceta mítico, un hombre dedicado a la práctica de la perfección espiritual.
Angkor Thom o la Gran Ciudad
En plena selva se vive una réplica de la génesis e historia del cosmos… la madre de todas las artes.
La gran capital del Imperio Khemer, Angkor Thom fue una especie de Templo de Estado, siempre vigilado desde la torre piramidal, por la cara del rey, representando el Meru, la montaña de los dioses y centro del universo. Cinco monumentales puertas dan acceso a la ciudad, siendo la de  La Victoria la más importante. Una defensiva muralla, de 12 kilómetros, circunda la ciudadela otorgándole corpulencia y esplendor. En su interior, las terrazas reales están adornadas con figuras de animales, en donde  se destaca la de los elefantes, utilizada por el rey Jayaverman VII, para que su ejército diera la vuelta victoriosa; al haber sida construida con materiales orgánicos, hoy tan sólo se conservan sus cimientos. Todo ello, en su día, estuvo rodeado por grandes estanques y embalses.

Para los khemeres, el agua fue siempre un elemento de poder,  un motor vital para la consecución del desarrollo imperial.  El lago Tonle Sap, fue uno de los pilares en la expansión jemer, ya que siguiendo la ley de los monzones, sube su nivel entre 8 y 9 metros, y se expande en más de un millón de hectáreas durante la época de lluvias (junio a diciembre), absorbiendo, al cambiar la dirección de su corriente, el agua que el Mekong no puede absorber. Así esta gran reserva natural, fue la que permitió cultivar arroz varias veces al año, a pesar de la sequía, gracias a cisternas y reservas óptimamente administradas. La abundancia de este cereal consiguió financiar gran parte de la construcción de la Ciudad, y el Imperio pudo agenciarse, muy estratégicamente, el dominio de gran parte del sur de Asia. Su grandeza siempre se reflejó en el agua, esa misma que purifica a brahmanes y alimenta el alma. Es el lugar ideal para detenerse y  pensar, para ver y escuchar el pasado.
Angkor Wat o la morada sagrada de Visnú
Majestuosa obra arquitectónica, perfección del cosmos
Recorrer Angkor Wat, el templo principal –totalmente restaurado- del parque arqueológico, la construcción religiosa más grande del planeta, una de las maravillas de la humanidad, y sin duda el templo más poderoso de esta Ciudad de Piedra, es adentrarse en las entrañas de un imperio que se extendió desde Vietnam y Tailandia, hasta Myanmar y Malasia. Fue construido por el rey  Suyarvarman II, en el siglo XII,  en honor al dios hindú Visnú, para ser utilizado como su tumba.  En sus paredes, de piedra negruzca, están grabados y esculpidos los mitos, hazañas y leyendas de un Imperio que controlaba al mundo real que representaba. Sus cinco torres simbolizan el centro del universo hindú, y están rodeadas por un foso que antaño estaba repleto de cocodrilos. 

Además del rey y su corte, aquí se alojaba el personal del templo: unas 20.000 almas. Recorrerlo al amanecer para evitar el fustigante calor y las hordas de visitantes, permitirá escuchar los cánticos de los monjes budistas vestidos con sus túnicas color naranja, y sentir el intenso olor del incienso, a la vez que se captan, probablemente, las mejores imágenes de una obra arquitectónica que posee el don de estar a mitad de camino entre lo humano y lo divino. Sin él, da la impresión de que Camboya no existiría. Sus impresionantes bajorrelieves permanecerán en la memoria, tanto como el estanque que antecede a la fachada, que refleja la silueta del edificio sobre las aguas de una manera más que mágica.
Ta Prohm asfixiado por los árboles
La imagen de este templo ha pasado a enriquecer el inconsciente colectivo de la mitad de los viajeros que sueñan con Asia
El Kapok y la Higuera Sagrada son los dos tipos de árboles, que literalmente, asfixian a Ta Prohm; lo enredan casi a punto de sepultarlo, otorgándole también, las más altas dosis de fotogenia. Panorámica espléndida y fantasmagórica, despierta emociones y asombro en cualquiera que se acerque a las ruinas de este otrora “Monasterio Real Budista” y “Universidad”. Atrapa al observador, al igual que  lo hacen las inmensas raíces que parecen catapultar hacia el corazón de la tierra semejante obra arquitectónica. En Ta Prohm todo se cuenta por miles; miles de años, miles de perlas, miles de diamantes, y miles de kilos de oro adornaban este templo; también miles de visitantes son los que acuden a este icono del poderío de la naturaleza, grandeza del arte que dio cobijo a unos 12.000 seres, entre sacerdotes, oficiantes y danzarinas. También fue éste, el escenario que sirvió al director Simon West  para llevar a la gran pantalla a una Lara Croft, interpretada por Angelina Jolie en la película Tomb Raider (2001), seduciendo a miles de espectadores. La visita en horas de la tarde asegura menos afluencia de turistas, y como en muchos otros casos lo más apropiado es ir a contracorriente, entrando por la parte de atrás, evitando así  a las multitudes.
Bayon o el templo de las caras
Más de 200 rostros se asoman en el interior de la jungla camboyana, con enigmática sonrisa, en una réplica de la asamblea de los dioses
Son 216 caras, o rostros inmensos, los que nos miran a la vez en el templo de Bayon.  La construcción cuenta con 54 torres, que simbolizan las 54 provincias que tenía Camboya en aquellos tiempos. Cada torre tiene esculpida cuatro caras, una por cada lado; la cara es siempre la del rey Jayavarman VII, el omnipresente. En sus paredes están esculpidas de forma magistral las formas de vida de la época imperial que datan del año 1.200.  Es así como apsaras, princesas jugando al ajedrez, e inclusive una riña de gallos, se vislumbran entre pasillos, corredores y galerías.
Banteay Srei o la Ciudadela de las Mujeres
Piedras talladas que plasman el refinamiento de otras épocas
Para los arqueólogos, el pequeño templo de Banteay Srei, es la joya más preciada del arte khemer. También para muchos, es el más bonito de los templos. Ninguno se equivoca. Es pequeño y está dedicado al brahmanismo. Fue reconstruido en la década de 1930 tras haber estado, durante años, sometido al expolio y al saqueo; la buena conservación de sus tallas y grabados de cantería, permite que su estética permanezca en el recuerdo de quien lo visita.
Bantey Samre
Los antiguos habitantes de Indochina son conocidos con el nombre de Smare. El templo de Bantey Samre, de estilo hindú al estilo Angkor Wat, fue construido en el siglo XII por los reyes Suryavarma II y Yasovarman IIcon los mismos materiales utilizados en Banteay Srei
Bantey Kdei: ciudadela de las celdas
Construido sobre lo que fueran las ruinas de un templo budista, al estilo Bayon, Bantey Kdei está dominado por torres, que exhiben garudas, aves míticas iconos del budismo y del hinduismo- en las esquinas. En su interior  se destaca la terraza con foso, y en el vestíbulo principal un Buda sentado. Nagas, aquellas serpientes protectoras; y apsaras, las bailarinas celestiales, también protectoras, adornan magistralmente estas ruinas.
Phnom Bakheng: bastión de un atardecer jemer
Subir a esta colina para contemplar la puesta de sol es sublime. Si se hace en elefante, ya la sensación de ser un verdadero explorador, es absoluta. Hay buenas vistas de Angkor Wat, la selva y el lago Tonle Sap. Conviene llevar linterna, dada la poca visibilidad tras el ocaso.
A tener en cuenta en la visita a Angkor:
  • Para entrar al país, todos los visitantes precisan de un visado de turista, que se tramita en el mismo aeropuerto a la llegada. Se requieren dos fotos tamaño carnet.
  • Al ser Camboya uno de los países con mayor presencia de minas anti personales en el mundo, siéntase tranquilo en Angkor Wat. La zona ha sido completamente limpiada por organismos internacionales.
  • Una buena programación del recorrido a realizar es indispensable, debiéndose tener muy presente la época en la que se realice el viaje, ya que los meses más cálidos son abril y mayo, y la época de lluvias va de junio a diciembre. 
  • Cumpla la normativa de horarios de visitas y respete las normas internas del parque en cuanto a limpieza y seguridad.
  • En la medida de lo posible intente madrugar y realice las visitas a primera hora, evitando así las horas de mayor calor.
  • Procure hacer los recorridos en la dirección contraria de las masas, muévase en sentido opuesto a ellas.
  • Las visitas se pueden realizar por libre, aunque en algunos casos conviene contratar los servicios de algún guía local.
  • Aperarse de agua embotellada, calzado cerrado, protector solar y gorro es necesario, al igual que gafas de sol. Puede seguir su itinerario sin problemas, de manera muy agradable a bordo de un tuc tuc (motos con remolque para pasajeros que funcionan como taxis en el sudeste asiático), pues el transporte público no existe en las ciudades camboyanas. Negocie con el conductor la tarifa por horas, o por días según le convenga.
  • Hay muchas compañías locales especializadas en visitas al recinto y con una oferta muy bien organizada. La entrada  se compra por días,  y lo usual es hacer la visita en 3 ó 4 jornadas.
  • La oferta de alojamiento es inmensamente amplia, y va desde lo más básico y económico, hasta el suntuoso lujo asiático a precios europeos.
  • Siem Reap es un verdadero crisol gastronómico en el que abundan restaurantes especializados en comidas provenientes de muchos lugares del mundo y la oferta de precios es amplia.
  • Camboya no exige ninguna vacuna en particular pero si conviene llevar consigo siempre el repelente de insectos.
  • Evite comprar souvenirs y recuerdos a niños. Con eso no se contribuye a la formación y educación de la infancia.
  • Absténgase de coger cualquier piedra o vestigio arqueológico en calidad de recuerdo. No le pertenece, y es un acto más de expolio y saqueo.

CAMBOYA en la historia
802 Fundación del Imperio Khemer por parte del rey Jayavarman II
1112-1152 Construcción de Angkor Wat durante el reinado de Suryavarman II
1863-1953 Protectorado francés
1975-1993 El país es conducido por los Jemeres Rojos
Septiembre de 1993 Restablecimiento de la monarquía parlamentaria

miércoles, 25 de julio de 2012

Los Templos del antiguo Egipto


Como en cualquier religión el templo egipcio representaba la casa del dios, pero, más que entendido como simple morada, el templo debía ser indestructible ya que era la residencia de los inmortales. Las primeras construcciones, realizadas como imitación de aquellas destinadas a albergar a los hombres, fueron pronto desechadas y sustituidas por otras realizadas en piedra y materiales más duraderos. El templo se construía para albergar la imagen del dios y como lugar en el que los sacerdotes oficiaban sus ritos. A diferencia de las religiones posteriores no era en absoluto un lugar de culto sino una zona para albergar al dios y de hecho el pueblo no podía acceder más que a ciertas dependencias exteriores.

Era el único edificio construido en piedra y no en adobe u otros materiales menos resistentes, pues si el dios era eterno también debía serlo su casa. No existen demasiadas referencias acerca de los templos del Reino Antiguo, debido a que la mayor parte no ha llegado hasta nosotros. De estos primeros templos los más destacables eran el Templo de la Esfinge, en Guiza, y el Templo solar de Nyuserra en las proximidades de Abusir. Por el contrario a partir del Reino Nuevo sí tenemos una alta representación de templos, como los de Karnak, Abidos o Luxor y los ptolemaicos de Edfú, Dendera y Kon-Ombo.

Es a partir de la XVIII dinastía cuando se puede hablar de la creación de un tipo de templo clásico, unido lógicamente al gran poder que la clase sacerdotal iba adquiriendo en el país. Esto supone un constante esfuerzo por parte de la realeza para mantener y construir los grandes templos que han llegado hasta nosotros.

A pesar de que la estructura y planta de los templos era similar se pueden distinguir 3 tipos dependiendo de la función para la que se construían. El primero es el templo propiamente dicho que estaba consagrado a una divinidad y se construía en honor a uno o varios dioses. El segundo tipo es el templo mortuorio consagrado directamente al faraón. En estos se realizaban todos los ritos funerarios del rey desde su muerte hasta el momento del enterramiento y era el lugar en el que se veneraba su memoria. Los mejores ejemplos de estos templos son el Ramesseum y los templos de Medinet Habu. El último tipo era el cenotafio, construidos por los faraones como templos mortuorios secundarios. Los más importantes residen en Abidos.

Además podemos hacer una clasificación de los templos en oficiales y del pueblo, de la misma forma que existía una religión oficial y una popular. Los primeros representan la religión estatal y el papel del faraón. Los segundos la preocupación del pueblo ante sus problemas cotidianos. Si en los templos oficiales encontramos ofrendas e imágenes del rey a los dioses en los segundos el pueblo depositaba pequeñas imágenes o utensilios relacionados con su trabajo como ofrenda o agradecimiento ante un embarazo, una buena cosecha, etc.

El modelo básico estaba constituido por 3 zonas claramente diferenciadas; el patio, la sala hipóstila y las dependencias del dios, además de la entrada, el pilono.

El pilono

Representaba la entrada al templo y era una pared monumental formada por un alto y ancho muro en forma de tronco de pirámide con una puerta central. Cada una de las dos torres que formaban el pilono representaba los acantilados de cada lado del valle del Nilo, pero también eran, a la vez, las dos montañas que flanquean el disco solar. Las paredes, trapezoidales, contenían aberturas en las que se colocaban mástiles y banderolas, que simbolizaban la presencia del dios. Generalmente estaban precedidos de obeliscos que aluden a la morada del dios, a la relación entre lo terrestre y lo solar, lo sagrado, o colosos de reyes, normalmente sedentes, simbolizando los hijos vivientes del dios. Normalmente estaban decorados con escenas en relieve de temas históricos o religiosos o sacrificio de prisioneros por parte del faraón en presencia del dios al que estaba dedicado el templo.

El patio

Era la zona pública. A ella podía acceder cualquier persona del pueblo para depositar ofrendas. Se construía a cielo abierto y se decoraba con relieves que hacían referencia a las hazañas del rey o imágenes de adoración. El patio se rodeaba de columnas, normalmente en tres de sus lados (sala hípetra) y solía contener colosos. Podía haber más de un patio con su consiguiente pilono de acceso.

La sala hipóstila

Después del patio se abría la sala hipóstila que, durante el Reino Nuevo, se encontraba sobre una plataforma y en la época ptolemaica a ras de suelo. Podía estar precedida por un vestíbulo. Las salas hipóstilas llegaron a ser uno de los mayores logros de la arquitectura egipcia. Era un recinto de columnas altas y gruesas que formaban un bosque de piedra sosteniendo una cubierta arquitrabada. Generalmente las filas centrales eran más altas que las laterales y el espacio se elevaba en la zona del eje central del templo formando una especie de nave principal. Esto permitía abrir ventanas laterales por las que penetraba la luz, aunque escasa ya que a medida que se accedía al santuario se disminuía la cantidad de luz. La función de la sala era la de salón de recepción del dios. Los relieves con los que se decoraba representaban escenas de las ceremonias religiosas que se practicaban en el templo. El acceso a la sala hipóstila estaba restringido a los altos funcionarios, escribas y gente noble. Cuando el templo tenía más de una sala hipóstila el acceso a cada una de ellas era cada vez más restringido.


Dependencias del dios

Pasada la sala hipóstila se encontraban una serie de cámaras y la sala de la barca sagrada, dependencia en la que se situaba la barca empleada en las procesiones, cuando la imagen del dios salía del templo en ella. Al final del templo se encontraba el santuario, una pequeña estancia con la imagen del dios. Era la sala principal del templo, aunque posiblemente la menos vistosa. El tabernáculo realizado en piedra, granito o madera era la parte más importante del templo y a esta zona sólo el faraón y los sacerdotes, como representantes suyos, tenían acceso. Alrededor de las cámaras y el santuario se encontraban otras dependencias menores, utilizadas en el culto de dioses locales, dedicadas a la protección de dioses exteriores que visitaban el templo en las procesiones, o salas para albergar los objetos necesarios para llevar a cabo el ritual religioso.

La iluminación de los templos se basaba en la disminución de luz según se iba accediendo al santuario, que era la zona más oscura. Los patios, abiertos, representaban la parte más iluminada, el contacto con el pueblo.

Los templos más importantes incluían otra serie de elementos exteriores, como tribunas, mamisi, pertenecientes a la era ptolemaica, y el lago sagrado. La tribuna se encontraba delante de los pilares y unida a ellos por una avenida enlosada bordeada de esfinges: el dromos. Se empleaba como lugar en el que el faraón supervisaba las ceremonias religiosas que se celebraban en el patio. Los mamisi eran pequeños edificios, delante de los pilonos, decorados con colores alegres y escenas de diosas tocando instrumentos y danzas burlescas; era el lugar escogido por la diosa para esperar el nacimiento de su hijo. El lago era un gran estanque, profundo para aprovechar las aguas del Nilo en épocas de sequía, con escaleras descendentes. Los lagos cuadrados, con paredes ligeramente curvadas eran la representación de las aguas primigenias de las que había surgido el Mundo. Era el lugar en el que se efectuaban los rituales ligados a la resurrección de Osiris.

Todo el recinto del templo estaba rodeado por un muro.

Además existían templos que tenían consagrados animales sagrados, en cuyo caso incluían dependencias específicas destinadas al animal.

El acceso al templo estaba totalmente vedado al pueblo, que sólo podía acceder al primer patio. A partir del Reino Nuevo se autorizó poder colocar estatuas en los exteriores del templo, si bien sólo algunos nobles o privilegiados podían hacerlo. Al santuario estaba vetado el acceso a todo el mundo salvo al faraón y al sacerdote delegado por este para llevar a cabo los rituales.

EL RITUAL DIARIO

El ritual diario que los sacerdotes llevaban a cabo incluía, básicamente, 3 grupos de actos diferentes: Las ceremonias preliminares, el despertar y atavío del dios, y la comida. El faraón, o, en la mayoría de los casos, el sacerdote encargado por él, se purificaba y ahuyentaba las malas influencias con fuego e incienso, en las dependencias destinadas a tal efecto, para posteriormente acceder a la capilla en la que se encontraba el dios rompiendo el sello de la puerta. Una vez dentro se postraba ante la imagen divina entonando alabanzas o himnos específicos. Tras esto se limpiaba la estatua con ungüentos y productos preparados en una de las salas, se le vestía y adornaba con los objetos reales y divinos, se le aplicaban los cosméticos oportunos al rostro y por último se le servía la comida, con gran cantidad de alimentos. La comida podía llevarse a cabo hasta 4 veces, según los 4 puntos cardinales, para que el dios pudiese alimentarse en cualquier punto del Universo. Tras retirar las ofrendas se volvía a sellar la puerta hasta el nuevo ritual. Estos se celebraban 3 veces al día, si bien el primero, el del amanecer era el más importante.

miércoles, 30 de mayo de 2012

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martes, 22 de mayo de 2012

Bangkok: El Palacio Real

El Palacio Real de Bangkok es un gran conjunto arquitectónico formado por un grupo de edificios que sirvieron como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX.

La construcción del palacio comenzó en el año 1792durante el reinado de Rama I. Su nombre en tailandés es Phra Borom Maha Ratcha Wang.


El lugar más importante del palacio es el templo Wat Phra Kaew, en el cual se encuentra el Buda de Esmeralda que, tallado en jade en el siglo XV y con sólo 45 centímetros de altura, es el más valioso y venerado de Tailandia.

Es necesario advertir que la entrada al Palacio Real no está permitida con pantalón corto o camisetas sin mangas. Si no lleváis ropa adecuada en la puerta os la prestarán de forma gratuita.


Por otro lado, debéis saber que para acceder a cualquier sala donde esté presente la imagen de Buda es necesario descalzarse. Si sois escrupulosos no olvidéis llevar calcetines.

Si en los alrededores del templo alguna persona os indica que el Palacio Real está cerrado por cualquier razón, no debéis hacerles caso ya que su objetivo es ofrecernos otras visitas alternativas en tuktuk, paseos en barco u otras actividades. Comprobad siempre lo que os digan por vosotros mismos